Hoy nos acompañan cuatro mujeres que han unido su talento y sensibilidad para romper un tabú necesario: el duelo infantil. Laura Amorós, Ángeles Doñate, Begoña Magriñá y Núria Mareca son las voces detrás de Sinda y Oto. Un viaje al corazón. Un proyecto que nace de la colaboración entre la editorial ICCE y la Fundación Paliaclinic con el objetivo de ofrecer a familias y escuelas herramientas para hablar de la pérdida desde la calma y la verdad. Bienvenidas a las cuatro.
El origen y la necesidad del proyecto. El cuento menciona que la muerte y la pérdida siguen siendo temas difíciles de abordar en nuestra sociedad. ¿Hubo algún momento o experiencia concreta que os hiciera decir «necesitamos crear este cuento ahora»?
ANGELES: En la Fundación Paliaclinic, en su día a día como profesionales, son conscientes de la dificultad de enfrentarnos a la muerte. Aún es más difícil hablarlo con los más pequeños. Los maestros, las familias, los monitores… muchas veces no tenemos ni la formación ni las herramientas para hacerlo. No hubo un momento concreto sino que una cadena de casualidades llevaron a que nos encontráramos personas y entidades con esta sensibilidad. Por un lado, el equipo de Paliaclínic, que realiza este acompañamiento y da mucha importancia a la sensibilización. Por otro, artistas sensibles con el tema y una editorial de mirada educativa y voluntad de transformar la sociedad. Al encontrarnos, al compartir nuestra preocupación y mirada, surgió este proyecto que, poco a poco, se ha convertido en realidad: un libro para acercar a los más pequeños de casa o de la escuela lo que significa la pérdida y el duelo.
¿Por qué elegir la pérdida de un objeto inanimado, como el osito Oto, para explicar un concepto tan complejo como el duelo a niños de 3 a 6 años?
ANGELES: El osito de peluche -como cualquier otro animal de peluche- es un juguete entrañable, tierno y que acompaña a muchos niños y niñas. Juegan con él, conversan, aprenden, viven experiencias… Forma parte de su universo diario y establecen con él una relación especial, de amistad. Muchos expertos lo consideran un elemento con el que trabajar diferentes aspectos, también el duelo.
BEGO: El objeto inanimado del osito de peluche, no es una elección arbitraria: se trata de un objeto «preferido» por el niño, creado a través de la relación con sus cuidadores. Lo utiliza como si fuera una extensión de sí mismo y a la vez representa a alguien del exterior. Oto no es simplemente un juguete: es simultáneamente parte de Sinda y huella del mundo relacional que la rodea. Esta doble naturaleza lo convierte en el vehículo perfecto para hablar del duelo.
Elegir al osito de peluche es una decisión clínicamente fundamentada: el objeto ya habita ese espacio intermedio donde los niños de 3 a 6 años procesan la realidad. Trabajar el duelo desde ahí no es una metáfora pedagógica sino un acceso directo al modo en que los niños construyen, pierden y reconstruyen vínculos.
¿Cómo fue el proceso de “unir miradas” entre una editorial pedagógica y una fundación experta en acompañamiento al final de la vida?
LAURA: El proceso de ‘unir miradas’ en realidad nace de dos voluntades muy claras que se encuentran, como ya hemos comentado en la primera pregunta. Por un lado, ICCE tenía el deseo de crear un cuento que ayudara a la comunidad educativa a abordar el duelo infantil en las aulas, con herramientas pedagógicas y un lenguaje adaptado a la infancia. Y por otro, la Fundación Paliaclinic, una entidad que siempre ha tenido en su ADN la sensibilización y la difusión en torno a los procesos de enfermedad avanzada, final de vida y duelo. En ese sentido, encontrar una editorial sensible a este tema y con interés en publicar un cuento para abordar estos temas en la infancia fue una oportunidad que no podíamos dejar escapar.
Sinda atraviesa emociones como la rabia, el miedo y la tristeza. ¿Cómo habéis trabajado el texto y las ilustraciones para que estas emociones sean validadas sin asustar al lector infantil?
ÁNGELES: Durante todo el proceso, de guionización, de escritura y de ilustración, hemos puesto en el centro a nuestros pequeños lectores. Nunca hemos dejado de mirarlos. Eso nos ha llevado a mimar mucho, por ejemplo, en mi caso, las palabras. ¡Si supiera el lector las vueltas que hemos dado a algunas de ellas!
NÚRIA: En relación a las ilustraciones, se han utilizado recursos para externalizar la emoción de forma simbólica: por ejemplo los corazones grises cuando Sinda y Oto están enfadados o el carrito vacío donde transportaba a Oto cuando se pierde y ella le busca. También se ha intentado mantener la ternura en el personaje aún en momentos “feos” y se ha jugado con el uso del color (la pérdida es triste pero, a la vez, los que no están se sitúan en un corazón rojo y vívido).
BEGO: Los niños no se asustan de las emociones si los adultos las sabemos guiar y contener. Eso sí nos hemos adaptado a transmitirlas para que sean sentidas sin abrumar a nuestro público infantil.
LAURA: Tal como dice Ángeles, en el cuento hay palabras a las que hemos dedicado mucho tiempo y mimo. Pero desde el principio teníamos claro que queríamos construir una historia bonita sin dejar de mostrar que los duelos y la tristeza, bien acompañados, pueden transitarse de forma sana.
El cuento plantea que la desaparición física no implica la pérdida del vínculo. ¿Cómo se le explica a un niño de 4 años que alguien que no está, sigue «presente en su interior»?
ÁNGELES: El universo en el que viven nuestros pequeños es un universo en el que misterio, magia, sueños, personajes… conviven perfectamente. Crecemos y ponemos lógica y límites. Explicar con palabras y ejemplos sencillos a un niño algo así es más fácil que a un adulto. Pienso que utilizar elementos como fotos y objetos de la persona que no está, hacer rutinas que compartíamos o escuchar su música, ayudan a experimentarlo.
BEGO: Los niños y niñas se llenan de las experiencias afectivas y relacionales aunque a los más pequeños les sea difícil entender este concepto. A través los sentidos es más fácil llegar a la comprensión de un niño de 4 años. Es de esta forma, con imágenes como la del corazón con el abuelo y Oto que el pequeño puede imaginar y entender esta idea tan compleja. Para el niño pequeño, visualizar que el abuelo vive dentro de su corazón —junto a Oto— no es una metáfora abstracta: es una imagen concreta, localizable en el cuerpo, que el niño puede «ver» con los ojos cerrados.
Un niño de 4 años no puede definir el duelo, pero sí puede sentir un abrazo que ya no llega, el olor de alguien que no está, la textura de un osito cosido por manos que querían. El acceso sensorial no simplifica la comprensión emocional: es la comprensión en esta etapa.
Sobre la guía pedagógica: Muchos adultos evitan estos temas por miedo a «hacer daño» o no tener las respuestas. ¿Cuál es el primer consejo que les da vuestra guía para romper ese hielo?
BEGO: El primer consejo de la guía parte de la premisa que evitar el tema no protege al niño, le deja solo ante algo que ya está sintiendo. Los niños perciben el malestar de los adultos a través de miradas, gestos, cambios en la respiración… pero sin las palabras que lo expliquen, no comprenden qué está pasando. El silencio no les da tranquilidad: les genera confusión e inquietud.
La guía recuerda que la pérdida no es solo la muerte de un ser querido: también puede ser la desaparición de un objeto especial, un cambio de casa o la ruptura de una expectativa importante. Precisamente por eso, Oto es el punto de partida ideal: hablar de la tristeza por perder un osito querido abre la puerta a hablar de otras ausencias más grandes. Lo que permitirá ir trabajando las pérdidas sin generar “tanto” daño.
El proyecto destaca el uso del juego y la palabra como espacios seguros. ¿Podríais darnos un ejemplo de una actividad o dinámica de la guía que ayude a normalizar el duelo en el aula?
BEGO: La guía no habla de dinámicas pedagógicas concretas, ya que en sí , la Lectura compartida del cuento es la dinámica que se pretende transmitir. Que el adulto lea con el grupo de clase y vaya haciendo preguntas sugerentes, ayuda a expresar a los pequeños lo que tienen dentro en el espacio seguro que puede ser el aula o la familia.
Habláis de generar una mirada más abierta y natural hacia el duelo. ¿Qué cambio esperáis ver en las escuelas y familias tras leer la historia de Sinda y Oto?
NÚRIA: Este cuento quiere ofrecer palabras e imágenes para que los niños puedan entender el duelo, así que esperamos que a sus lectores les dé menos miedo nombrar lo que cuesta nombrar, que ganen confianza para tratar temas difíciles y, a mí personalmente, también me gustaría que les generara interés para acercarse al mundo de los libros, cuentos y álbumes ilustrados como grandes “compañeros” para muchísimas situaciones complejas que vivimos mayores y pequeños.
Si pudierais resumir en una sola frase qué es lo que Sinda y Oto vienen a enseñar a los adultos a través de los ojos de los niños, ¿cuál sería?
ÁNGELES: El poder del amor, sin límites como el tiempo y el espacio.
NÚRIA: La naturalidad de la vida (y de la muerte) y la huella infinita del simple compartir.
BEGO: Algo verdaderamente genuíno y necesario del ser humano el apego y la vinculación y como ello puede perdurar en nuestra mente y alma.
LAURA: El amor no desaparece… y, cuando aceptamos la pérdida, podemos conectar con ese amor infinito que nos sigue acompañando para siempre.
Aprender a decir adiós es, en realidad, aprender a vivir. Sinda y Oto. Un viaje al corazón nos recuerda que el duelo no es un tema que debamos ocultar a los niños para protegerlos, sino un camino que debemos transitar a su lado con honestidad y mucho amor. Gracias a las cuatro por darnos las palabras que a veces nos faltan a los adultos y por este puente tan necesario entre el aula, la familia y las emociones.


