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Andrea y la magia de la neurodiversidad: Entrevista a Carmen Corpa

En un mundo que a menudo exige calma y linealidad, Carmen Corpa alza la voz a través de la literatura infantil para recordarnos que la atención no es una medida de la valía personal. Con su obra Andrea una princesa TDAH, la autora no solo nos presenta un cuento, sino una herramienta de visibilidad y empoderamiento. Hoy conversamos con ella sobre cómo derribar estigmas, la importancia de la empatía en las aulas y el reto de convertir un diagnóstico en una oportunidad para brillar con luz propia.

Hola Carmen. ¿Qué fue lo que más le motivó a crear el personaje de Andrea? ¿Hubo alguna experiencia personal o profesional específica que actuara como detonante? Fueron varios factores muy alineados con mi estilo, resumidos en tres detalles clave. Primero, me apasiona contar historias con protagonistas femeninas; me siento cómoda creándolas y me parecen personajes fascinantes. Segundo, me encantan las princesas desde que era pequeña; siempre me ha gustado dibujarlas. Por último, y lo más importante, el TDAH, especialmente cómo afecta a las niñas. A diferencia de los niños, en ellas suele pasar muy desapercibido, lo que conlleva repercusiones particulares. Al combinar estos tres elementos —un personaje femenino interesante, la figura de una princesa y la realidad de una niña con TDAH— nació mi querida Andrea.

Al unir los conceptos de «Princesa» y «TDAH«, ¿buscaba romper con la imagen tradicional de perfección que suele rodear a los personajes de cuentos? Me alegraría mucho que los lectores lo vieran así. Mi intención era tomar un arquetipo clásico de los cuentos de hadas y demostrar que las princesas también pueden tener TDAH, permitiendo que este público se sienta integrado en la historia. Cuando yo era pequeña no existían estos referentes, así que usaba mi imaginación para decidir que alguna princesa que me gustaba tenía TDAH; lo hacía ante la falta de representación y por una profunda necesidad de identificación. Es fundamental que los niños y niñas tengan referentes, porque la representación es crucial, sobre todo en la infancia.

¿Cómo suelen reaccionar los niños y niñas con TDAH al descubrir que Andrea comparte sus mismos retos diarios? Mi prioridad absoluta es que sientan identificación, familiaridad y cercanía con el personaje. Quiero que vean a Andrea como una amiga y que perciban sus retos diarios como una aventura que, aunque requiere de un camino de duro trabajo, siempre tiene un final feliz.

En su libro, ¿qué importancia le otorga a la familia y a los docentes en el desarrollo de la autoestima de un niño con neurodiversidad? Me he centrado principalmente en la familia y en cómo, a través del conocimiento y la empatía, pueden ayudar al menor a hacer el TDAH más llevadero, destacando siempre sus virtudes. Es vital que el niño o la niña sientan apoyo, comprensión y un ambiente que les ofrezca estabilidad, tranquilidad y confianza.

Respecto a los docentes, los alumnos con TDAH se pueden encontrar con dos perfiles. Por un lado, profesores que desconocen el trastorno y no saben cómo afrontarlo; aquí veo urgente una formación específica, ya que, de lo contrario, pueden llegar a frustrar la vida escolar del alumno. Por otro lado, existen docentes que te hacen florecer, y es precisamente a algunos de ellos a quienes les he dedicado este cuento.

Además de ser una historia entretenida, ¿cómo recomienda utilizar este libro dentro del aula para sensibilizar al resto de los compañeros? Lo recomendaría firmemente como lectura obligatoria o sugerida. En mi época escolar apenas había conocimiento del tema por parte del profesorado, así que ya se pueden imaginar el nivel de ignorancia entre el alumnado. Implementar este libro en clase permitiría que los compañeros empaticen y se sensibilicen ante la realidad de un alumno con TDAH. Pienso que hoy en día la sensibilidad está infravalorada, cuando en realidad la empatía es una fuerza poderosa capaz de mover y cambiar el mundo.

Como autora, ¿qué estrategias narrativas utilizó para asegurar que un lector con TDAH se mantenga conectado con la trama de principio a fin? Utilicé muchas herramientas que aprendí durante mis estudios de ilustración y guion, como el uso de frases cortas y directas. Cuando creas un cuento infantil es vital capturar y mantener la atención, más aún tratándose de niños que son puros «rabos de lagartija». Aposté por una narrativa visual potente: colores vibrantes que reflejan las emociones de la protagonista, libertad y fantasía en las ilustraciones, y personajes con diseños simpáticos y adorables que atrapan desde el primer vistazo y transmiten mucha ternura.

A menudo nos centramos en las carencias del TDAH. ¿Qué «superpoderes» o virtudes de Andrea quiso resaltar especialmente en la obra? ¡Tenía muchísimas ganas de responder a esto! Durante toda mi niñez y adolescencia, mi TDAH fue percibido como algo puramente negativo, como si no tuviera nada bueno. Es verdad que tiene sus inconvenientes, como todo, pero desde mi experiencia he logrado extraer facetas muy positivas que he trasladado a Andrea. Entre ellas destacan: la imaginación (un recurso utilísimo para combatir el aburrimiento), la hiperfijación (esa capacidad de amar un tema tanto que te entusiasma y te convierte en una enciclopedia viviente) y, por supuesto, la empatía.

¿Qué les diría a esos padres que acaban de recibir un diagnóstico y sienten incertidumbre sobre el futuro de su hijo o hija? Les pediría comprensión y paciencia. Sé perfectamente que no es un camino de rosas; es duro y complejo tanto para los padres como para el niño. Sin embargo, hoy en día, con la información y los apoyos disponibles, el viaje está lleno de momentos maravillosos que compensan los difíciles. Ese miedo inicial puede transformarse, con el tiempo, en aceptación y éxito.

Si Andrea creciera, ¿cómo se la imagina en su etapa adulta? ¿Qué lecciones de este libro cree que la acompañarían siempre? ¡Ay, me encantaría verla crecer! Seguro que se enfrentaría a nuevos conflictos y tendría sus luces y sombras, como cualquiera. Pero estoy convencida de que una Andrea adulta sabría aplicar y llevar a buen puerto los consejos que aprendió en su infancia. De hecho, Andrea es, en gran medida, mi yo más íntimo.

Al cerrar la última página del libro, ¿cuál es la idea principal que desea que quede grabada en el corazón de los lectores? Para los niños, quiero que descubran que son mágicos, maravillosos y únicos, exactamente igual que Andrea. Para los padres, mi deseo es que recuerden siempre que, a pesar de las dificultades, siempre hay una luz mágica al final del camino para todos.

La conversación con Carmen Corpa nos deja una enseñanza fundamental: el TDAH no define los límites de un niño o una niña, sino su forma de procesar el mundo. A través de la figura de Andrea, Carmen logra transformar una etiqueta clínica en una identidad llena de matices, creatividad y energía. Su obra es, en definitiva, un recordatorio de que la inclusión empieza por la comprensión y que cada «príncipe» o «princesa» merece un entorno donde su ritmo particular sea respetado y valorado.

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